jueves, 25 de junio de 2026

EL CABALLO EN LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA, ECONÓMICA Y CULTURAL DEL MUNICIPIO DE PASCA (CUNDINAMARCA)

 EL CABALLO EN LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA, ECONÓMICA Y CULTURAL DEL MUNICIPIO DE PASCA (CUNDINAMARCA)

Por: Gloria Patricia Cubillos Romero

El caballo ha desempeñado un papel fundamental en la historia del municipio de Pasca desde la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI hasta la actualidad. Inicialmente utilizado como instrumento de conquista y dominio territorial, posteriormente se convirtió en un elemento esencial para los procesos de colonización, transporte, comercio, arriería, agricultura y desarrollo social de la región. Este artículo analiza la evolución del papel del caballo en el municipio, destacando su influencia en las dinámicas económicas, educativas y culturales, así como su permanencia como símbolo de identidad campesina y patrimonio cultural de los habitantes de Pasca.

La historia del caballo en América está estrechamente ligada a los procesos de conquista, colonización y poblamiento desarrollados por los españoles durante el siglo XVI. En el territorio que actualmente ocupa el municipio de Pasca, la llegada de los caballos transformó profundamente las dinámicas de movilidad, producción y organización social.

Antes de la llegada de los europeos, los pueblos muiscas desarrollaban complejas redes de intercambio comercial utilizando caminos ancestrales y transporte humano. La introducción del caballo representó una innovación tecnológica y militar que modificó las relaciones de poder y posteriormente facilitó la expansión económica de los nuevos asentamientos.

El presente artículo  tiene como propósito analizar la importancia histórica, económica y cultural del caballo en el municipio de Pasca, identificando su influencia desde la época de la conquista hasta las manifestaciones culturales contemporáneas como las cabalgatas y las exposiciones equinas.

El impacto de la llegada del caballo en el territorio de Pasca y en la conquista del Nuevo Reino de Granada

La llegada de los caballos al continente americano constituyó uno de los acontecimientos más trascendentales del proceso de conquista y colonización española. Más allá de representar un nuevo medio de transporte, el caballo se convirtió en un instrumento de dominación militar, psicológica y cultural que transformó profundamente las relaciones entre conquistadores e indígenas. Para los pueblos originarios, que desconocían la existencia de animales de semejante tamaño, fuerza y velocidad, la aparición de los jinetes españoles produjo asombro, temor y numerosas interpretaciones sobrenaturales.

En el territorio habitado por los indígenas Pasca, la presencia de los caballos causó una profunda impresión. Según relata Velandia (2004), cuando los españoles llegaron a la región, los indígenas abandonaron sus poblados y buscaron refugio en los cerros orientales. La visión de los soldados montados generó tal desconcierto que creyeron encontrarse frente a seres antropófagos y monstruosos. Incluso, algunas versiones recogidas por la tradición histórica señalan que les ofrecían niños para alimentarlos, convencidos de que aquellos extraños seres devoraban personas. Solo con el paso del tiempo comprendieron que se trataba de hombres montados sobre animales desconocidos.

El impacto causado por el caballo fue común en gran parte del continente americano. Los cronistas de Indias registraron reiteradamente el desconcierto de los pueblos indígenas ante la presencia de los equinos. Al no existir animales semejantes en su entorno, muchos indígenas compararon a los caballos con venados gigantes, únicos animales conocidos que podían guardar alguna similitud física. Los informantes de Moctezuma describían a los jinetes españoles afirmando que “los soportan en lo alto sus venados, tan altos están como los techos de sus casas”, mientras que otras crónicas relatan que los caballos eran considerados seres extraordinarios capaces de hablar o poseer facultades sobrenaturales.

La confusión entre caballo y jinete fue una de las percepciones más extendidas durante los primeros contactos. Bernal Díaz del Castillo señaló que numerosos indígenas creían que ambos constituían una sola criatura, pues jamás habían visto un caballo y les resultaba imposible comprender la relación entre el hombre y el animal. Esta imagen recuerda las antiguas representaciones mitológicas de los centauros y explica en parte el temor que provocaron las primeras cargas de caballería.

El pánico generado por los caballos se vio reforzado por otros elementos asociados a la guerra de conquista: las armaduras metálicas, el brillo de las espadas, el estruendo de las herraduras sobre el suelo, los relinchos, el bufido de los animales y el uso de armas desconocidas para los indígenas. Fray Bartolomé de las Casas relata que muchas comunidades huían despavoridas al ver aproximarse a los caballos, llegando incluso a refugiarse en viviendas incendiadas por temor a ser devoradas por aquellos animales desconocidos. En numerosos casos, el impacto psicológico producido por la caballería resultó tan importante como la superioridad tecnológica de los conquistadores.

Diversos autores coinciden en señalar que el caballo fue una de las principales ventajas estratégicas de los españoles durante la conquista. Hernán Cortés llegó a afirmar que muchas de sus victorias se debían “a Dios y a los caballos”, mientras que Francisco de Terrazas sostenía que los pueblos indígenas temían más a los caballos que a los soldados que los montaban. Según este autor, los españoles a pie habrían tenido muchas más dificultades para imponerse frente a comunidades numerosas y acostumbradas al combate en terrenos montañosos. En consecuencia, el caballo se convirtió en una auténtica arma psicológica y militar que contribuyó decisivamente al avance de la conquista en los territorios americanos.

El desconocimiento que los indígenas tenían sobre los caballos dio lugar a numerosas interpretaciones simbólicas. Algunos pensaban que caballo y caballero compartían una misma naturaleza y, por ello, intentaban alimentarlos con los mismos productos destinados a las personas. Cronistas como Muñoz Camargo, Jerónimo de Alcalá, Fray Juan de Torquemada y Garcilaso de la Vega registraron que muchos indígenas ofrecían carne, aves y otros alimentos a los caballos para apaciguarlos. Más sorprendente aún fue la creencia de que los frenos de hierro que llevaban en la boca constituían su alimento habitual. Garcilaso de la Vega relata que algunos indígenas llegaron a ofrecer oro y plata a los caballos, convencidos de que aquellos metales representaban un alimento de mayor calidad que el hierro.

Una vez consolidada la conquista, la importancia estratégica del caballo llevó a las autoridades coloniales a restringir su uso por parte de los indígenas. La Corona española consideraba que la habilidad ecuestre podía convertirse en un elemento de resistencia o rebelión. Por esta razón, diversas disposiciones legales prohibieron que los indígenas poseyeran o montaran caballos, estableciendo incluso penas severas para quienes incumplieran estas normas. La Ley XXXIII del Libro VI, Título I de la Recopilación de Indias prohibía expresamente a los indígenas tener o utilizar caballos bajo pena de muerte y confiscación de bienes. No obstante, algunos testimonios indican que ciertos indígenas continuaron utilizándolos de manera excepcional, especialmente cuando acompañaban a religiosos y autoridades coloniales.

Con el paso de los años, el caballo dejó de ser exclusivamente un instrumento de conquista para convertirse en un elemento fundamental del proceso de colonización y poblamiento. La fundación de nuevos asentamientos, la apertura de caminos, el transporte de mercancías y la expansión de las actividades agrícolas dependieron en gran medida del uso de caballos, mulas y otros animales de carga. En el territorio de Pasca, los caballos acompañaron la formación de los primeros núcleos poblacionales, facilitaron las comunicaciones entre las distintas regiones y contribuyeron a la integración económica del municipio con otros centros de intercambio del altiplano cundiboyacense. De esta manera, un animal que inicialmente fue percibido como símbolo de temor y dominación terminó convirtiéndose en uno de los pilares del desarrollo económico, social y cultural de la región.

Introducción, adaptación y papel del caballo en la conquista y poblamiento de Pasca

Los caballos fueron reintroducidos en América por los españoles después de haber desaparecido del continente miles de años atrás. Su ingreso al territorio colombiano ocurrió durante las primeras expediciones realizadas en el Darién y la costa Caribe a comienzos del siglo XVI. Desde allí se expandieron progresivamente hacia las regiones andinas, acompañando los procesos de exploración, conquista y colonización del territorio. Las características geográficas de los Andes favorecieron procesos de selección natural y adaptación que dieron origen a ejemplares resistentes, capaces de desplazarse por terrenos montañosos, climas variables y largas distancias. Estas condiciones contribuyeron posteriormente al desarrollo de razas reconocidas internacionalmente, como el caballo criollo colombiano y el caballo de paso.

La llegada del caballo al continente americano constituyó uno de los acontecimientos más trascendentales del proceso de conquista. Más allá de representar un nuevo medio de transporte, se convirtió en un instrumento de dominación militar, psicológica y cultural que transformó profundamente las relaciones entre conquistadores e indígenas. Para los pueblos originarios, que desconocían la existencia de animales de semejante tamaño, fuerza y velocidad, la aparición de los jinetes españoles produjo asombro, temor y numerosas interpretaciones sobrenaturales.

En el territorio habitado por los indígenas Pasca, la presencia de los caballos causó una profunda impresión. Según Velandia (2004), cuando los españoles llegaron a la región, los indígenas abandonaron sus poblados y buscaron refugio en los cerros orientales. La visión de los soldados montados generó tal desconcierto que creyeron encontrarse frente a seres antropófagos y monstruosos. Algunas versiones históricas señalan incluso que les ofrecían niños para alimentarlos, convencidos de que aquellos extraños seres devoraban personas. Con el tiempo comprendieron que se trataba de hombres montados sobre animales desconocidos y no de una sola criatura.

El impacto causado por el caballo fue común en gran parte del continente americano. Los cronistas de Indias registraron reiteradamente el desconcierto de los pueblos indígenas ante la presencia de los equinos. Al no existir animales semejantes en su entorno, muchos indígenas compararon a los caballos con venados gigantes, únicos animales conocidos que podían guardar alguna similitud física. Los informantes de Moctezuma afirmaban que los jinetes eran sostenidos por “venados tan altos como los techos de sus casas”, mientras que otras crónicas relataban que los caballos eran considerados seres extraordinarios capaces de hablar o poseer facultades sobrenaturales.

La confusión entre caballo y jinete fue una de las percepciones más extendidas durante los primeros contactos. Bernal Díaz del Castillo relató que numerosos indígenas creían que ambos constituían una sola criatura, pues jamás habían visto un caballo y les resultaba imposible comprender la relación entre el hombre y el animal. Esta imagen recuerda las representaciones mitológicas de los centauros y explica en parte el temor que provocaron las primeras cargas de caballería.

El pánico generado por los caballos se vio reforzado por otros elementos asociados a la guerra de conquista: las armaduras metálicas, el brillo de las armas, el estruendo de las herraduras, los relinchos, el bufido de los animales y el uso de un idioma desconocido. Fray Bartolomé de las Casas describió cómo numerosas comunidades huían despavoridas al ver aproximarse a los caballos, llegando incluso a refugiarse en viviendas incendiadas por temor a ser devoradas por aquellos animales desconocidos. En muchos casos, el impacto psicológico producido por la caballería resultó tan importante como la superioridad tecnológica de los conquistadores.

Diversos autores coinciden en señalar que el caballo fue una de las principales ventajas estratégicas de los españoles durante la conquista. Hernán Cortés llegó a afirmar que muchas de sus victorias se debían “a Dios y a los caballos”, mientras que Francisco de Terrazas sostenía que los pueblos indígenas temían más a los caballos que a los propios soldados españoles. Según este último autor, la caballería constituyó una de las armas más eficaces para la dominación de los territorios americanos, ya que proporcionaba velocidad, movilidad y un enorme efecto psicológico sobre los combatientes indígenas.

El desconocimiento que los indígenas tenían sobre los caballos dio lugar a numerosas interpretaciones simbólicas. Algunos pensaban que caballo y caballero compartían una misma naturaleza y, por ello, intentaban alimentarlos con los mismos productos destinados a las personas. Cronistas como Muñoz Camargo, Jerónimo de Alcalá, Fray Juan de Torquemada y Garcilaso de la Vega registraron que muchos indígenas ofrecían carne, aves y otros alimentos a los caballos para apaciguarlos. Incluso, al observar los frenos de hierro que llevaban en la boca, llegaron a creer que aquel metal constituía su alimento habitual, razón por la cual les ofrecían oro y plata como una forma de agradarlos y ganar su amistad.

Una vez consolidada la conquista, la importancia estratégica del caballo llevó a la Corona española a restringir su uso por parte de los indígenas. Las autoridades consideraban que la habilidad ecuestre podía convertirse en un elemento de resistencia frente al dominio colonial. Por esta razón, diversas disposiciones legales prohibieron que los indígenas poseyeran o montaran caballos, estableciendo incluso penas severas para quienes incumplieran estas normas. La Ley XXXIII del Libro VI, Título I de la Recopilación de Indias prohibía expresamente a los indígenas tener o utilizar caballos bajo pena de muerte y pérdida de bienes.

Tras la consolidación de la conquista, los nuevos asentamientos españoles comenzaron a estructurarse alrededor de actividades agrícolas y ganaderas. En este contexto, el caballo dejó de ser exclusivamente un instrumento militar para convertirse en una herramienta fundamental para el poblamiento y desarrollo económico de los territorios. En regiones montañosas como Pasca, donde predominan pendientes pronunciadas, caminos estrechos y condiciones climáticas variables, el caballo se convirtió rápidamente en el medio de transporte más eficiente.

Los primeros pobladores utilizaron caballos para supervisar cultivos, transportar materiales de construcción, movilizar mercancías y establecer comunicaciones entre las nuevas aldeas y otros centros poblados de la provincia de Santafé. Asimismo, desempeñaron un papel esencial en la apertura de caminos y en la integración de las economías locales con los mercados regionales. De esta manera, un animal que inicialmente fue percibido por los indígenas como símbolo de temor y dominación terminó convirtiéndose en uno de los pilares del proceso de colonización, poblamiento y desarrollo histórico del municipio de Pasca.

El caballo y las redes comerciales de la región

Antes de la llegada de los españoles, los muiscas mantenían una activa red comercial basada en mercados periódicos y sistemas de trueque. Productos como sal, mantas, cerámica, algodón y coca circulaban entre diferentes regiones de la actual Cundinamarca.

Con la introducción del caballo y posteriormente de las mulas, estas redes comerciales adquirieron una nueva dimensión. El transporte terrestre se volvió más eficiente, permitiendo movilizar mayores volúmenes de mercancías y ampliar las rutas de intercambio.

Documentos coloniales de los siglos XVII y XVIII registran intercambios comerciales entre Pasca, Fusagasugá y los territorios de los panches, evidenciando la importancia regional de estas rutas económicas (Universidad de los Andes, 2008).

La arriería, el mercado de la papa y el desarrollo económico de Pasca

Uno de los capítulos más importantes en la historia del caballo en Pasca está relacionado con la arriería y con el desarrollo de las actividades comerciales que durante décadas dinamizaron la economía municipal. Desde la época colonial y hasta bien entrado el siglo XX, los caminos de herradura constituyeron el principal sistema de comunicación entre las zonas rurales y los centros urbanos, convirtiendo a los caballos, mulas y bueyes en elementos indispensables para el transporte de personas, mercancías y productos agrícolas.

La tradición comercial del municipio se desarrolló alrededor de la plaza de mercado, conocida por generaciones de pasqueños como el mercado de “tierra caliente” o simplemente la plaza. Allí acudían semanalmente los habitantes de las veredas para vender sus productos, intercambiar mercancías y adquirir artículos necesarios para la vida cotidiana. La plaza, empedrada y rodeada de pinos, también servía como escenario para la comercialización de ganado. En sus alrededores era común observar a niños encargados de ayudar a controlar las reses, quienes recibían como recompensa una “ametralladora”, nombre popular que se daba a una mogolla de gran tamaño.

Los caminos de herradura que conectaban a Pasca con Fusagasugá, Sibaté, Bogotá y las regiones del Sumapaz fueron durante muchos años las verdaderas arterias económicas del municipio. Por ellos transitaban diariamente recuas de mulas y caballos cargadas con papas, cubios, hibias, chuguas, trigo, madera y otros productos agrícolas. Estos caminos, inicialmente empedrados y posteriormente reforzados con empalizadas, permitieron la integración económica de las veredas y favorecieron el intercambio permanente con otros mercados regionales.

Durante las primeras décadas del siglo XX, especialmente entre 1925 y 1945, el territorio experimentó una nueva etapa de poblamiento impulsada por los procesos de colonización promovidos por el Gobierno Nacional. La expedición del Decreto 1110 favoreció el asentamiento de numerosas familias provenientes de diferentes regiones, quienes encontraron en Pasca tierras fértiles, abundancia de agua y condiciones favorables para el desarrollo agrícola y ganadero. Los colonos dedicaron sus esfuerzos a desmontar bosques, abrir caminos, construir viviendas y ampliar la frontera agrícola, fortaleciendo progresivamente la economía local.

En esta etapa adquirió especial importancia el cultivo de la papa, actividad que transformó profundamente la economía del municipio. El crecimiento de la producción agrícola incrementó la necesidad de transporte, por lo que el caballo y las mulas se convirtieron en herramientas fundamentales para movilizar las cosechas desde las zonas rurales hasta los centros de comercialización. El mercado de la papa se realizaba inicialmente en Fusagasugá; sin embargo, hacia 1945, gracias a la iniciativa de Carlos García e hijos y de comerciantes como Isidro Vásquez Benavides, se logró establecer oficialmente el mercado de la papa en Pasca. Este acontecimiento representó un importante impulso para el desarrollo económico del municipio, favoreciendo la creación de nuevas actividades comerciales, el fortalecimiento de la Caja de Crédito Agrario y el surgimiento de nuevos barrios y espacios urbanos (Pasca, 1987).

La importancia del caballo en esta dinámica económica se refleja claramente en los testimonios de antiguos habitantes del municipio. Según el relato de Facundo Baquero, campesino nacido en el Sumapaz, las condiciones de vida durante la primera mitad del siglo XX eran difíciles debido a la inexistencia de carreteras y a la dependencia casi absoluta de los caminos de herradura. Cada familia poseía varias mulas y caballos destinados al transporte de carga. Durante la semana se dedicaban a las labores agrícolas y los viernes organizaban las cosechas de papa para emprender el viaje hacia Pasca. El recorrido podía durar entre siete y nueve horas. Los sábados se realizaban las ventas y se adquirían los productos necesarios para el hogar, mientras que el domingo emprendían el regreso a sus veredas cargados con víveres, herramientas y otros artículos de consumo.

Además de la producción agrícola, los caballos y las mulas permitían el abastecimiento permanente de la población. Desde Fusagasugá y Bogotá llegaban panela, miel, telas, alpargatas de fique, herramientas, correspondencia y diversos productos de mercado que no podían conseguirse localmente. Los arrieros se convirtieron así en actores fundamentales para el funcionamiento económico del municipio, al punto de desempeñar también funciones relacionadas con el transporte de noticias, periódicos y mensajes entre las diferentes poblaciones de la región.

Entre los más reconocidos caporales y arrieros de la época sobresalieron Venancio Cruz, Mamerto Cubillos, Pastor Romero, El Mono Romero, Ananías Vásquez y Ángel María Pérez, conocido popularmente como “Caramba”, quien se destacó en el manejo y conducción de ganado por los caminos rurales. Gracias a su trabajo fue posible consolidar relaciones comerciales permanentes entre Pasca, Fusagasugá, Sibaté, Bogotá y los territorios del Sumapaz, fortaleciendo la economía local y regional.

La vida cotidiana de aquella época giraba alrededor del trabajo agrícola y del uso permanente de los animales de carga. Las viviendas contaban con amplios patios y pesebreras, mientras que gran parte de los productos de consumo eran transportados exclusivamente a lomo de caballo o de mula. El auge de la agricultura, especialmente de la papa y la arveja, favoreció la expansión de las actividades de arriería y consolidó al caballo como uno de los principales motores del desarrollo económico municipal.

Más allá de su función productiva, el caballo también desempeñó un importante papel social y educativo. Hasta mediados del siglo XX muchas escuelas rurales únicamente podían alcanzarse mediante caminos de herradura. Por esta razón, numerosas maestras y funcionarios públicos utilizaban caballos para desplazarse desde el casco urbano hasta las veredas donde prestaban sus servicios. De esta manera, el caballo contribuyó indirectamente a los procesos de alfabetización, integración comunitaria y fortalecimiento institucional que acompañaron el crecimiento del municipio.

En consecuencia, la historia de la arriería en Pasca no puede entenderse únicamente como un sistema de transporte. Constituyó una verdadera estructura económica y social que permitió la integración de las comunidades rurales, el fortalecimiento de los mercados agrícolas, el crecimiento de la producción de papa y la consolidación de los procesos de poblamiento que dieron forma al municipio moderno. En todos estos procesos, el caballo ocupó un lugar central como símbolo de trabajo, progreso y desarrollo regional.

El caballo como patrimonio cultural del municipio de Pasca

A partir del siglo XX, el caballo dejó de ser únicamente una herramienta de trabajo para convertirse también en un símbolo cultural y de identidad para los habitantes del municipio de Pasca. Aunque continuó desempeñando funciones importantes en las labores agrícolas y ganaderas, su presencia comenzó a fortalecerse en escenarios festivos, deportivos y recreativos, consolidándose como una expresión representativa de la cultura campesina local.

Las ferias y fiestas municipales incorporaron progresivamente exposiciones equinas, cabalgatas y actividades relacionadas con la chalanería, permitiendo exaltar las habilidades de jinetes y montadores, así como la calidad de los ejemplares criados en la región. Según el testimonio de Mario Moreno, habitante de la vereda Zaldúa, las primeras exposiciones equinas se realizaron en el parque principal del municipio. En aquella época, la organización de las festividades estuvo liderada por Leopoldo Cubillos Riveros, conocido popularmente como “Peloecaña”, quien presentó varios de sus caballos y promovió una de las primeras exhibiciones equinas de las que se tiene memoria en Pasca. Entre los primeros montadores destacados figuraron Emilio Molina (q.e.p.d.) y José Virgilio Cubillos Cubillos (q.e.p.d.).

A partir de estas iniciativas comenzó a consolidarse entre los pasqueños el gusto por la cría y exhibición de caballos de calidad, generando una tradición que se ha mantenido durante generaciones. Las cabalgatas se convirtieron rápidamente en una de las expresiones más representativas de las festividades locales. El gusto por montar un buen caballo distinguió siempre a los pasqueños, quienes tradicionalmente lucían chamarras, botas de charro —algunas con espuelas—, poncho y sombrero, elementos que aún hoy caracterizan las cabalgatas y las ferias y fiestas del municipio. De igual manera, surgieron importantes exponentes de la chalanería local, entre ellos Carlos Julio Baquero, conocido como “Yuyo”, Eduardo Barbosa y posteriormente Adelmo Mora, popularmente llamado “Cachemo”, Jairo Moreno, Virgilio Moreno y Carlos Cueca.  Versiones de Juan Ernesto Cubillos, sobre la formación de varios de estos montadores estuvo influenciada por Aristóbulo Guarnizo, reconocido profesional de la chalanería procedente del Carmen de Apicalá, quien compartió sus conocimientos y contribuyó significativamente al fortalecimiento de esta práctica en el municipio.

Las festividades equinas atravesaron periodos de interrupción debido a las dificultades sociales y de orden público que vivió la región durante algunas décadas. Después de las primeras ferias, estas actividades se suspendieron por varios años como consecuencia de la época de violencia que afectó al municipio, caracterizada por conflictos internos, rivalidades y enfrentamientos entre familias. Sin embargo, la recuperación de estas tradiciones comenzó durante la administración del doctor José Alberto Ontibón Torres, alcalde municipal para el periodo 1990-1992. En esa época los alcaldes se posesionaban el 1 de junio y ejercían un periodo de gobierno de dos años. Con el propósito de fortalecer nuevamente la integración comunitaria, el doctor Ontibón impulsó la reactivación de las ferias y fiestas mediante la realización de cabalgatas, exposiciones equinas, exposiciones bovinas y muestras de especies menores. La Junta de Ferias estuvo presidida por el señor Álvaro Moreno Díaz (q.e.p.d.), quien desempeñó un papel fundamental en la organización y recuperación de estas actividades.

Posteriormente, durante la administración del doctor Luis Alfonso Cruz Torres (1992-1994), quien tomó posesión el 1 de junio de 1992 y culminó su mandato el 31 de diciembre de 1994, se continuó fortaleciendo la tradición equina. Entre las actividades más recordadas de este periodo se destaca una cabalgata de integración regional realizada con los habitantes de la Localidad 20 del  Sumapaz con motivo de la celebración del Día del Campesino. Este evento contó con una amplia participación de la comunidad y tuvo como propósito conmemorar la inauguración de la vía que comunicaba al municipio de Pasca con Media Naranja, en Juan Viejo, hasta llegar a San Juan, corregimiento de la Localidad 20 del  Sumapaz.

Más adelante, durante la administración de Gabriel Armando Romero Mora (1995-1997), las ferias y fiestas experimentaron importantes transformaciones. Fue en este periodo cuando el evento comenzó a denominarse EXPO-PASCA, alcanzando un importante reconocimiento regional. Asimismo, se realizó el Primer Reinado Municipal de la Papa con la participación de las diferentes instituciones educativas del municipio, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la identidad agrícola de la comunidad. Debido a la gran acogida que tenían las cabalgatas como actividad de apertura de las festividades, se tomó la decisión de realizarlas ocho días antes de la celebración principal, institucionalizando que el sábado anterior a cada festividad se llevara a cabo la cabalgata oficial. Esta iniciativa fue posteriormente acogida por otros municipios de Cundinamarca.

A partir de entonces, la Cabalgata de Expo -  Pasca comenzó a consolidarse como una de las más reconocidas de la región, destacándose por sus recorridos ecoturísticos a través de antiguos caminos de herradura y paisajes rurales que permiten la integración de personas de todas las edades en un ambiente familiar y tradicional.

Durante la administración de Carlos Humberto Chitiva Molina (1998-2000), reconocido por su afición y compromiso con el mundo equino, se fortaleció la tradición de la cabalgata ecológica. Durante los recorridos era costumbre ofrecer a los participantes una totuma de chicha y arepa como muestra de hospitalidad campesina y, al finalizar la jornada, los caballistas eran recibidos con un almuerzo comunitario preparado en fincas y escuelas rurales.  Asimismo, se rindió homenaje a destacados caballistas que habían contribuido al fortalecimiento de esta tradición y que transmitieron su legado de generación en generación, entre ellos Héctor Pardo (q.e.p.d.), Graciliano Pardo (q.e.p.d.), Luis Ernesto Cubillos Riveros (q.e.p.d.), Lucila Martínez de Molina (q.e.p.d.), Lucio Riveros, Álvaro Moreno Díaz (q.e.p.d.), Leopoldo Cubillos Riveros, Elvia Gutiérrez de Porras (q.e.p.d.), Erasmo Mora (q.e.p.d.) y Noé Cubillos (q.e.p.d.).

Durante este mismo periodo se promovió de manera significativa la participación de la mujer en las actividades equinas  del municipio, reconociendo su aporte dentro de una tradición históricamente asociada al ámbito masculino. Como resultado de esta iniciativa, se realizaron varias cabalgatas femeninas en Pasca como homenaje a la celebración del Día Internacional de la Mujer, contribuyendo a visibilizar el papel de las mujeres en la conservación de las tradiciones campesinas y fortaleciendo su participación en las actividades culturales y recreativas relacionadas con el caballo.

Con el paso de los años, EXPO-PASCA continuó creciendo hasta convertirse en uno de los eventos más importantes del municipio. En sus primeras versiones se realizaba únicamente un festival equino sin clasificación oficial; sin embargo, gracias a la calidad de los ejemplares participantes y al fortalecimiento de su organización, la exposición alcanzó la categoría de Grado B. Las más recientes versiones se han distinguido por el aumento de ejemplares participantes en las diferentes modalidades, consolidándose como una importante vitrina para la exhibición, comercialización y promoción de caballos criollos colombianos de paso fino, trocha, trote y galope. Actualmente, las cabalgatas y exposiciones equinas reúnen a cientos de participantes provenientes de diferentes municipios de Cundinamarca y otras regiones del país, fortaleciendo el turismo, la economía local, la integración regional y la preservación del patrimonio cultural pasqueño. De esta manera, el caballo continúa siendo uno de los principales símbolos de identidad, tradición y memoria histórica del municipio de Pasca.

Conclusiones

El caballo ha sido uno de los elementos más influyentes en la historia del municipio de Pasca. Desde su llegada con los conquistadores españoles hasta las actuales manifestaciones culturales, este animal ha participado activamente en los procesos de transformación económica, social y territorial de la región.

Su papel como instrumento de conquista, medio de transporte, herramienta de trabajo agrícola, soporte de la arriería y símbolo cultural evidencia una estrecha relación entre el caballo y la construcción de la identidad campesina pasqueña.

Hoy, aunque las nuevas tecnologías han reducido su uso en actividades productivas, el caballo continúa ocupando un lugar privilegiado en la memoria colectiva, las tradiciones y el patrimonio cultural del municipio.

 

Referencias

Bartolomé De Las Casas, F. (1992). Brevísima Relación De La Destrucción De Las Indias. Editorial Cátedra. (Obra Original Publicada En 1552).

Botero Guerra, C. (1888). Ensayo De Estadística General Del Departamento De Antioquia. Imprenta Departamental.

Castrejón, F. (S.F.). Los Españoles Conquistaron América A Lomos De Un Caballo Y Un Cerdo En La Grupa. Publicación Académica.

Díaz Del Castillo, B. (2011). Historia Verdadera De La Conquista De La Nueva España. Real Academia Española.

Garcilaso De La Vega, I. (2009). Comentarios Reales De Los Incas. Biblioteca Ayacucho.

Grimaldos, G. (S.F.). Historia Económica Y Cultural De Los Muiscas. Documento De Consulta.

Revista De Pasca, 450 Años De Historia

Universidad De Los Andes. (2008). Los Muiscas Y Las Redes De Intercambio En El Altiplano Cundiboyacense. Facultad De Ciencias Sociales.

Velandia, R. (2004). Enciclopedia Histórica De Cundinamarca. Bogotá: Gobernación De Cundinamarca.

 

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