EL CABALLO EN LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA, ECONÓMICA Y CULTURAL DEL MUNICIPIO DE PASCA (CUNDINAMARCA)
Por:
Gloria Patricia Cubillos Romero
El caballo ha desempeñado un papel
fundamental en la historia del municipio de Pasca desde la llegada de los
conquistadores españoles en el siglo XVI hasta la actualidad. Inicialmente
utilizado como instrumento de conquista y dominio territorial, posteriormente
se convirtió en un elemento esencial para los procesos de colonización,
transporte, comercio, arriería, agricultura y desarrollo social de la región.
Este artículo analiza la evolución del papel del caballo en el municipio,
destacando su influencia en las dinámicas económicas, educativas y culturales,
así como su permanencia como símbolo de identidad campesina y patrimonio
cultural de los habitantes de Pasca.
La historia del caballo en América
está estrechamente ligada a los procesos de conquista, colonización y
poblamiento desarrollados por los españoles durante el siglo XVI. En el
territorio que actualmente ocupa el municipio de Pasca, la llegada de los caballos
transformó profundamente las dinámicas de movilidad, producción y organización
social.
Antes de la llegada de los
europeos, los pueblos muiscas desarrollaban complejas redes de intercambio
comercial utilizando caminos ancestrales y transporte humano. La introducción
del caballo representó una innovación tecnológica y militar que modificó las
relaciones de poder y posteriormente facilitó la expansión económica de los
nuevos asentamientos.
El presente artículo tiene como propósito analizar la importancia
histórica, económica y cultural del caballo en el municipio de Pasca,
identificando su influencia desde la época de la conquista hasta las manifestaciones
culturales contemporáneas como las cabalgatas y las exposiciones equinas.
El impacto de la llegada del caballo en el territorio de Pasca y en la
conquista del Nuevo Reino de Granada
La llegada de los caballos al continente americano constituyó uno de los
acontecimientos más trascendentales del proceso de conquista y colonización
española. Más allá de representar un nuevo medio de transporte, el caballo se
convirtió en un instrumento de dominación militar, psicológica y cultural que
transformó profundamente las relaciones entre conquistadores e indígenas. Para
los pueblos originarios, que desconocían la existencia de animales de semejante
tamaño, fuerza y velocidad, la aparición de los jinetes españoles produjo
asombro, temor y numerosas interpretaciones sobrenaturales.
En el territorio habitado por los indígenas Pasca, la presencia de los
caballos causó una profunda impresión. Según relata Velandia (2004), cuando los
españoles llegaron a la región, los indígenas abandonaron sus poblados y
buscaron refugio en los cerros orientales. La visión de los soldados montados
generó tal desconcierto que creyeron encontrarse frente a seres antropófagos y
monstruosos. Incluso, algunas versiones recogidas por la tradición histórica
señalan que les ofrecían niños para alimentarlos, convencidos de que aquellos
extraños seres devoraban personas. Solo con el paso del tiempo comprendieron
que se trataba de hombres montados sobre animales desconocidos.
El impacto causado por el caballo fue común en gran parte del continente
americano. Los cronistas de Indias registraron reiteradamente el desconcierto
de los pueblos indígenas ante la presencia de los equinos. Al no existir
animales semejantes en su entorno, muchos indígenas compararon a los caballos
con venados gigantes, únicos animales conocidos que podían guardar alguna
similitud física. Los informantes de Moctezuma describían a los jinetes
españoles afirmando que “los soportan en lo alto sus venados, tan altos están
como los techos de sus casas”, mientras que otras crónicas relatan que los
caballos eran considerados seres extraordinarios capaces de hablar o poseer
facultades sobrenaturales.
La confusión entre caballo y jinete fue una de las percepciones más
extendidas durante los primeros contactos. Bernal Díaz del Castillo señaló que
numerosos indígenas creían que ambos constituían una sola criatura, pues jamás
habían visto un caballo y les resultaba imposible comprender la relación entre
el hombre y el animal. Esta imagen recuerda las antiguas representaciones
mitológicas de los centauros y explica en parte el temor que provocaron las
primeras cargas de caballería.
El pánico generado por los caballos se vio reforzado por otros elementos
asociados a la guerra de conquista: las armaduras metálicas, el brillo de las
espadas, el estruendo de las herraduras sobre el suelo, los relinchos, el
bufido de los animales y el uso de armas desconocidas para los indígenas. Fray
Bartolomé de las Casas relata que muchas comunidades huían despavoridas al ver
aproximarse a los caballos, llegando incluso a refugiarse en viviendas
incendiadas por temor a ser devoradas por aquellos animales desconocidos. En
numerosos casos, el impacto psicológico producido por la caballería resultó tan
importante como la superioridad tecnológica de los conquistadores.
Diversos autores coinciden en señalar que el caballo fue una de las
principales ventajas estratégicas de los españoles durante la conquista. Hernán
Cortés llegó a afirmar que muchas de sus victorias se debían “a Dios y a los
caballos”, mientras que Francisco de Terrazas sostenía que los pueblos
indígenas temían más a los caballos que a los soldados que los montaban. Según
este autor, los españoles a pie habrían tenido muchas más dificultades para
imponerse frente a comunidades numerosas y acostumbradas al combate en terrenos
montañosos. En consecuencia, el caballo se convirtió en una auténtica arma
psicológica y militar que contribuyó decisivamente al avance de la conquista en
los territorios americanos.
El desconocimiento que los indígenas tenían sobre los caballos dio lugar
a numerosas interpretaciones simbólicas. Algunos pensaban que caballo y
caballero compartían una misma naturaleza y, por ello, intentaban alimentarlos
con los mismos productos destinados a las personas. Cronistas como Muñoz
Camargo, Jerónimo de Alcalá, Fray Juan de Torquemada y Garcilaso de la Vega
registraron que muchos indígenas ofrecían carne, aves y otros alimentos a los
caballos para apaciguarlos. Más sorprendente aún fue la creencia de que los
frenos de hierro que llevaban en la boca constituían su alimento habitual.
Garcilaso de la Vega relata que algunos indígenas llegaron a ofrecer oro y
plata a los caballos, convencidos de que aquellos metales representaban un
alimento de mayor calidad que el hierro.
Una vez consolidada la conquista, la importancia estratégica del caballo
llevó a las autoridades coloniales a restringir su uso por parte de los
indígenas. La Corona española consideraba que la habilidad ecuestre podía
convertirse en un elemento de resistencia o rebelión. Por esta razón, diversas
disposiciones legales prohibieron que los indígenas poseyeran o montaran
caballos, estableciendo incluso penas severas para quienes incumplieran estas
normas. La Ley XXXIII del Libro VI, Título I de la Recopilación de Indias
prohibía expresamente a los indígenas tener o utilizar caballos bajo pena de
muerte y confiscación de bienes. No obstante, algunos testimonios indican que
ciertos indígenas continuaron utilizándolos de manera excepcional,
especialmente cuando acompañaban a religiosos y autoridades coloniales.
Con el paso de los años, el caballo dejó de ser exclusivamente un
instrumento de conquista para convertirse en un elemento fundamental del
proceso de colonización y poblamiento. La fundación de nuevos asentamientos, la
apertura de caminos, el transporte de mercancías y la expansión de las
actividades agrícolas dependieron en gran medida del uso de caballos, mulas y
otros animales de carga. En el territorio de Pasca, los caballos acompañaron la
formación de los primeros núcleos poblacionales, facilitaron las comunicaciones
entre las distintas regiones y contribuyeron a la integración económica del
municipio con otros centros de intercambio del altiplano cundiboyacense. De
esta manera, un animal que inicialmente fue percibido como símbolo de temor y
dominación terminó convirtiéndose en uno de los pilares del desarrollo
económico, social y cultural de la región.
Introducción, adaptación y papel del caballo en la conquista y
poblamiento de Pasca
Los caballos fueron reintroducidos en América por los españoles después
de haber desaparecido del continente miles de años atrás. Su ingreso al
territorio colombiano ocurrió durante las primeras expediciones realizadas en
el Darién y la costa Caribe a comienzos del siglo XVI. Desde allí se
expandieron progresivamente hacia las regiones andinas, acompañando los
procesos de exploración, conquista y colonización del territorio. Las
características geográficas de los Andes favorecieron procesos de selección natural
y adaptación que dieron origen a ejemplares resistentes, capaces de desplazarse
por terrenos montañosos, climas variables y largas distancias. Estas
condiciones contribuyeron posteriormente al desarrollo de razas reconocidas
internacionalmente, como el caballo criollo colombiano y el caballo de paso.
La llegada del caballo al continente americano constituyó uno de los
acontecimientos más trascendentales del proceso de conquista. Más allá de
representar un nuevo medio de transporte, se convirtió en un instrumento de
dominación militar, psicológica y cultural que transformó profundamente las
relaciones entre conquistadores e indígenas. Para los pueblos originarios, que
desconocían la existencia de animales de semejante tamaño, fuerza y velocidad,
la aparición de los jinetes españoles produjo asombro, temor y numerosas
interpretaciones sobrenaturales.
En el territorio habitado por los indígenas Pasca, la presencia de los
caballos causó una profunda impresión. Según Velandia (2004), cuando los
españoles llegaron a la región, los indígenas abandonaron sus poblados y
buscaron refugio en los cerros orientales. La visión de los soldados montados
generó tal desconcierto que creyeron encontrarse frente a seres antropófagos y
monstruosos. Algunas versiones históricas señalan incluso que les ofrecían
niños para alimentarlos, convencidos de que aquellos extraños seres devoraban
personas. Con el tiempo comprendieron que se trataba de hombres montados sobre
animales desconocidos y no de una sola criatura.
El impacto causado por el caballo fue común en gran parte del continente
americano. Los cronistas de Indias registraron reiteradamente el desconcierto
de los pueblos indígenas ante la presencia de los equinos. Al no existir
animales semejantes en su entorno, muchos indígenas compararon a los caballos
con venados gigantes, únicos animales conocidos que podían guardar alguna
similitud física. Los informantes de Moctezuma afirmaban que los jinetes eran
sostenidos por “venados tan altos como los techos de sus casas”, mientras que
otras crónicas relataban que los caballos eran considerados seres
extraordinarios capaces de hablar o poseer facultades sobrenaturales.
La confusión entre caballo y jinete fue una de las percepciones más
extendidas durante los primeros contactos. Bernal Díaz del Castillo relató que
numerosos indígenas creían que ambos constituían una sola criatura, pues jamás
habían visto un caballo y les resultaba imposible comprender la relación entre
el hombre y el animal. Esta imagen recuerda las representaciones mitológicas de
los centauros y explica en parte el temor que provocaron las primeras cargas de
caballería.
El pánico generado por los caballos se vio reforzado por otros elementos
asociados a la guerra de conquista: las armaduras metálicas, el brillo de las
armas, el estruendo de las herraduras, los relinchos, el bufido de los animales
y el uso de un idioma desconocido. Fray Bartolomé de las Casas describió cómo
numerosas comunidades huían despavoridas al ver aproximarse a los caballos,
llegando incluso a refugiarse en viviendas incendiadas por temor a ser
devoradas por aquellos animales desconocidos. En muchos casos, el impacto
psicológico producido por la caballería resultó tan importante como la
superioridad tecnológica de los conquistadores.
Diversos autores coinciden en señalar que el caballo fue una de las
principales ventajas estratégicas de los españoles durante la conquista. Hernán
Cortés llegó a afirmar que muchas de sus victorias se debían “a Dios y a los
caballos”, mientras que Francisco de Terrazas sostenía que los pueblos
indígenas temían más a los caballos que a los propios soldados españoles. Según
este último autor, la caballería constituyó una de las armas más eficaces para
la dominación de los territorios americanos, ya que proporcionaba velocidad,
movilidad y un enorme efecto psicológico sobre los combatientes indígenas.
El desconocimiento que los indígenas tenían sobre los caballos dio lugar
a numerosas interpretaciones simbólicas. Algunos pensaban que caballo y
caballero compartían una misma naturaleza y, por ello, intentaban alimentarlos
con los mismos productos destinados a las personas. Cronistas como Muñoz
Camargo, Jerónimo de Alcalá, Fray Juan de Torquemada y Garcilaso de la Vega
registraron que muchos indígenas ofrecían carne, aves y otros alimentos a los
caballos para apaciguarlos. Incluso, al observar los frenos de hierro que
llevaban en la boca, llegaron a creer que aquel metal constituía su alimento
habitual, razón por la cual les ofrecían oro y plata como una forma de
agradarlos y ganar su amistad.
Una vez consolidada la conquista, la importancia estratégica del caballo
llevó a la Corona española a restringir su uso por parte de los indígenas. Las
autoridades consideraban que la habilidad ecuestre podía convertirse en un
elemento de resistencia frente al dominio colonial. Por esta razón, diversas
disposiciones legales prohibieron que los indígenas poseyeran o montaran
caballos, estableciendo incluso penas severas para quienes incumplieran estas
normas. La Ley XXXIII del Libro VI, Título I de la Recopilación de Indias
prohibía expresamente a los indígenas tener o utilizar caballos bajo pena de
muerte y pérdida de bienes.
Tras la consolidación de la conquista, los nuevos asentamientos
españoles comenzaron a estructurarse alrededor de actividades agrícolas y
ganaderas. En este contexto, el caballo dejó de ser exclusivamente un
instrumento militar para convertirse en una herramienta fundamental para el
poblamiento y desarrollo económico de los territorios. En regiones montañosas
como Pasca, donde predominan pendientes pronunciadas, caminos estrechos y
condiciones climáticas variables, el caballo se convirtió rápidamente en el medio
de transporte más eficiente.
Los primeros pobladores utilizaron caballos para supervisar cultivos,
transportar materiales de construcción, movilizar mercancías y establecer
comunicaciones entre las nuevas aldeas y otros centros poblados de la provincia
de Santafé. Asimismo, desempeñaron un papel esencial en la apertura de caminos
y en la integración de las economías locales con los mercados regionales. De
esta manera, un animal que inicialmente fue percibido por los indígenas como
símbolo de temor y dominación terminó convirtiéndose en uno de los pilares del
proceso de colonización, poblamiento y desarrollo histórico del municipio de
Pasca.
El
caballo y las redes comerciales de la región
Antes de la llegada de los
españoles, los muiscas mantenían una activa red comercial basada en mercados
periódicos y sistemas de trueque. Productos como sal, mantas, cerámica, algodón
y coca circulaban entre diferentes regiones de la actual Cundinamarca.
Con la introducción del caballo y
posteriormente de las mulas, estas redes comerciales adquirieron una nueva
dimensión. El transporte terrestre se volvió más eficiente, permitiendo
movilizar mayores volúmenes de mercancías y ampliar las rutas de intercambio.
Documentos coloniales de los siglos
XVII y XVIII registran intercambios comerciales entre Pasca, Fusagasugá y los
territorios de los panches, evidenciando la importancia regional de estas rutas
económicas (Universidad de los Andes, 2008).
La arriería, el mercado de la papa y el desarrollo económico de Pasca
Uno de los capítulos más importantes en la historia del caballo en Pasca
está relacionado con la arriería y con el desarrollo de las actividades
comerciales que durante décadas dinamizaron la economía municipal. Desde la
época colonial y hasta bien entrado el siglo XX, los caminos de herradura
constituyeron el principal sistema de comunicación entre las zonas rurales y
los centros urbanos, convirtiendo a los caballos, mulas y bueyes en elementos
indispensables para el transporte de personas, mercancías y productos
agrícolas.
La tradición comercial del municipio se desarrolló alrededor de la plaza
de mercado, conocida por generaciones de pasqueños como el mercado de “tierra
caliente” o simplemente la plaza. Allí acudían semanalmente los habitantes de
las veredas para vender sus productos, intercambiar mercancías y adquirir
artículos necesarios para la vida cotidiana. La plaza, empedrada y rodeada de
pinos, también servía como escenario para la comercialización de ganado. En sus
alrededores era común observar a niños encargados de ayudar a controlar las
reses, quienes recibían como recompensa una “ametralladora”, nombre popular que
se daba a una mogolla de gran tamaño.
Los caminos de herradura que conectaban a Pasca con Fusagasugá, Sibaté,
Bogotá y las regiones del Sumapaz fueron durante muchos años las verdaderas
arterias económicas del municipio. Por ellos transitaban diariamente recuas de
mulas y caballos cargadas con papas, cubios, hibias, chuguas, trigo, madera y
otros productos agrícolas. Estos caminos, inicialmente empedrados y
posteriormente reforzados con empalizadas, permitieron la integración económica
de las veredas y favorecieron el intercambio permanente con otros mercados
regionales.
Durante las primeras décadas del siglo XX, especialmente entre 1925 y
1945, el territorio experimentó una nueva etapa de poblamiento impulsada por
los procesos de colonización promovidos por el Gobierno Nacional. La expedición
del Decreto 1110 favoreció el asentamiento de numerosas familias provenientes
de diferentes regiones, quienes encontraron en Pasca tierras fértiles,
abundancia de agua y condiciones favorables para el desarrollo agrícola y
ganadero. Los colonos dedicaron sus esfuerzos a desmontar bosques, abrir
caminos, construir viviendas y ampliar la frontera agrícola, fortaleciendo
progresivamente la economía local.
En esta etapa adquirió especial importancia el cultivo de la papa,
actividad que transformó profundamente la economía del municipio. El
crecimiento de la producción agrícola incrementó la necesidad de transporte,
por lo que el caballo y las mulas se convirtieron en herramientas fundamentales
para movilizar las cosechas desde las zonas rurales hasta los centros de
comercialización. El mercado de la papa se realizaba inicialmente en
Fusagasugá; sin embargo, hacia 1945, gracias a la iniciativa de Carlos García e
hijos y de comerciantes como Isidro Vásquez Benavides, se logró establecer
oficialmente el mercado de la papa en Pasca. Este acontecimiento representó un
importante impulso para el desarrollo económico del municipio, favoreciendo la
creación de nuevas actividades comerciales, el fortalecimiento de la Caja de
Crédito Agrario y el surgimiento de nuevos barrios y espacios urbanos (Pasca,
1987).
La importancia del caballo en esta dinámica económica se refleja
claramente en los testimonios de antiguos habitantes del municipio. Según el
relato de Facundo Baquero, campesino nacido en el Sumapaz, las condiciones de
vida durante la primera mitad del siglo XX eran difíciles debido a la
inexistencia de carreteras y a la dependencia casi absoluta de los caminos de
herradura. Cada familia poseía varias mulas y caballos destinados al transporte
de carga. Durante la semana se dedicaban a las labores agrícolas y los viernes
organizaban las cosechas de papa para emprender el viaje hacia Pasca. El
recorrido podía durar entre siete y nueve horas. Los sábados se realizaban las
ventas y se adquirían los productos necesarios para el hogar, mientras que el
domingo emprendían el regreso a sus veredas cargados con víveres, herramientas
y otros artículos de consumo.
Además de la producción agrícola, los caballos y las mulas permitían el
abastecimiento permanente de la población. Desde Fusagasugá y Bogotá llegaban
panela, miel, telas, alpargatas de fique, herramientas, correspondencia y
diversos productos de mercado que no podían conseguirse localmente. Los
arrieros se convirtieron así en actores fundamentales para el funcionamiento
económico del municipio, al punto de desempeñar también funciones relacionadas
con el transporte de noticias, periódicos y mensajes entre las diferentes
poblaciones de la región.
Entre los más reconocidos caporales y arrieros de la época sobresalieron
Venancio Cruz, Mamerto Cubillos, Pastor Romero, El Mono Romero, Ananías Vásquez
y Ángel María Pérez, conocido popularmente como “Caramba”, quien se destacó en
el manejo y conducción de ganado por los caminos rurales. Gracias a su trabajo
fue posible consolidar relaciones comerciales permanentes entre Pasca,
Fusagasugá, Sibaté, Bogotá y los territorios del Sumapaz, fortaleciendo la
economía local y regional.
La vida cotidiana de aquella época giraba alrededor del trabajo agrícola
y del uso permanente de los animales de carga. Las viviendas contaban con
amplios patios y pesebreras, mientras que gran parte de los productos de
consumo eran transportados exclusivamente a lomo de caballo o de mula. El auge
de la agricultura, especialmente de la papa y la arveja, favoreció la expansión
de las actividades de arriería y consolidó al caballo como uno de los
principales motores del desarrollo económico municipal.
Más allá de su función productiva, el caballo también desempeñó un
importante papel social y educativo. Hasta mediados del siglo XX muchas
escuelas rurales únicamente podían alcanzarse mediante caminos de herradura.
Por esta razón, numerosas maestras y funcionarios públicos utilizaban caballos
para desplazarse desde el casco urbano hasta las veredas donde prestaban sus
servicios. De esta manera, el caballo contribuyó indirectamente a los procesos
de alfabetización, integración comunitaria y fortalecimiento institucional que
acompañaron el crecimiento del municipio.
En consecuencia, la historia de la arriería en Pasca no puede entenderse
únicamente como un sistema de transporte. Constituyó una verdadera estructura
económica y social que permitió la integración de las comunidades rurales, el
fortalecimiento de los mercados agrícolas, el crecimiento de la producción de
papa y la consolidación de los procesos de poblamiento que dieron forma al
municipio moderno. En todos estos procesos, el caballo ocupó un lugar central
como símbolo de trabajo, progreso y desarrollo regional.
El caballo como patrimonio cultural del municipio de
Pasca
A partir del siglo XX, el
caballo dejó de ser únicamente una herramienta de trabajo para convertirse
también en un símbolo cultural y de identidad para los habitantes del municipio
de Pasca. Aunque continuó desempeñando funciones importantes en las labores
agrícolas y ganaderas, su presencia comenzó a fortalecerse en escenarios
festivos, deportivos y recreativos, consolidándose como una expresión
representativa de la cultura campesina local.
Las ferias y fiestas
municipales incorporaron progresivamente exposiciones equinas, cabalgatas y
actividades relacionadas con la chalanería, permitiendo exaltar las habilidades
de jinetes y montadores, así como la calidad de los ejemplares criados en la región.
Según el testimonio de Mario Moreno, habitante de la vereda Zaldúa, las
primeras exposiciones equinas se realizaron en el parque principal del
municipio. En aquella época, la organización de las festividades estuvo
liderada por Leopoldo Cubillos Riveros, conocido popularmente como “Peloecaña”,
quien presentó varios de sus caballos y promovió una de las primeras
exhibiciones equinas de las que se tiene memoria en Pasca. Entre los primeros
montadores destacados figuraron Emilio Molina (q.e.p.d.) y José Virgilio
Cubillos Cubillos (q.e.p.d.).
A partir de estas iniciativas
comenzó a consolidarse entre los pasqueños el gusto por la cría y exhibición de
caballos de calidad, generando una tradición que se ha mantenido durante
generaciones. Las cabalgatas se convirtieron rápidamente en una de las expresiones
más representativas de las festividades locales. El gusto por montar un buen
caballo distinguió siempre a los pasqueños, quienes tradicionalmente lucían
chamarras, botas de charro —algunas con espuelas—, poncho y sombrero, elementos
que aún hoy caracterizan las cabalgatas y las ferias y fiestas del municipio.
De igual manera, surgieron importantes exponentes de la chalanería local, entre
ellos Carlos Julio Baquero, conocido como “Yuyo”, Eduardo Barbosa y
posteriormente Adelmo Mora, popularmente llamado “Cachemo”, Jairo Moreno,
Virgilio Moreno y Carlos Cueca. Versiones de Juan Ernesto Cubillos, sobre la
formación de varios de estos montadores estuvo influenciada por Aristóbulo
Guarnizo, reconocido profesional de la chalanería procedente del Carmen de
Apicalá, quien compartió sus conocimientos y contribuyó significativamente al
fortalecimiento de esta práctica en el municipio.
Las festividades equinas
atravesaron periodos de interrupción debido a las dificultades sociales y de
orden público que vivió la región durante algunas décadas. Después de las
primeras ferias, estas actividades se suspendieron por varios años como consecuencia
de la época de violencia que afectó al municipio, caracterizada por conflictos
internos, rivalidades y enfrentamientos entre familias. Sin embargo, la
recuperación de estas tradiciones comenzó durante la administración del doctor
José Alberto Ontibón Torres, alcalde municipal para el periodo 1990-1992. En
esa época los alcaldes se posesionaban el 1 de junio y ejercían un periodo de
gobierno de dos años. Con el propósito de fortalecer nuevamente la integración
comunitaria, el doctor Ontibón impulsó la reactivación de las ferias y fiestas
mediante la realización de cabalgatas, exposiciones equinas, exposiciones
bovinas y muestras de especies menores. La Junta de Ferias estuvo presidida por
el señor Álvaro Moreno Díaz (q.e.p.d.), quien desempeñó un papel fundamental en
la organización y recuperación de estas actividades.
Posteriormente, durante la
administración del doctor Luis Alfonso Cruz Torres (1992-1994), quien tomó
posesión el 1 de junio de 1992 y culminó su mandato el 31 de diciembre de 1994,
se continuó fortaleciendo la tradición equina. Entre las actividades más
recordadas de este periodo se destaca una cabalgata de integración regional
realizada con los habitantes de la Localidad 20 del Sumapaz con motivo de la celebración del Día
del Campesino. Este evento contó con una amplia participación de la comunidad y
tuvo como propósito conmemorar la inauguración de la vía que comunicaba al
municipio de Pasca con Media Naranja, en Juan Viejo, hasta llegar a San Juan,
corregimiento de la Localidad 20 del Sumapaz.
Más adelante, durante la
administración de Gabriel Armando Romero Mora (1995-1997), las ferias y fiestas
experimentaron importantes transformaciones. Fue en este periodo cuando el
evento comenzó a denominarse EXPO-PASCA, alcanzando un importante reconocimiento
regional. Asimismo, se realizó el Primer Reinado Municipal de la Papa con la
participación de las diferentes instituciones educativas del municipio,
fortaleciendo el sentido de pertenencia y la identidad agrícola de la
comunidad. Debido a la gran acogida que tenían las cabalgatas como actividad de
apertura de las festividades, se tomó la decisión de realizarlas ocho días
antes de la celebración principal, institucionalizando que el sábado anterior a
cada festividad se llevara a cabo la cabalgata oficial. Esta iniciativa fue
posteriormente acogida por otros municipios de Cundinamarca.
A partir de entonces, la
Cabalgata de Expo - Pasca comenzó a
consolidarse como una de las más reconocidas de la región, destacándose por sus
recorridos ecoturísticos a través de antiguos caminos de herradura y paisajes
rurales que permiten la integración de personas de todas las edades en un
ambiente familiar y tradicional.
Durante la administración de
Carlos Humberto Chitiva Molina (1998-2000), reconocido por su afición y
compromiso con el mundo equino, se fortaleció la tradición de la cabalgata
ecológica. Durante los recorridos era costumbre ofrecer a los participantes una
totuma de chicha y arepa como muestra de hospitalidad campesina y, al finalizar
la jornada, los caballistas eran recibidos con un almuerzo comunitario
preparado en fincas y escuelas rurales. Asimismo, se rindió homenaje a destacados
caballistas que habían contribuido al fortalecimiento de esta tradición y que
transmitieron su legado de generación en generación, entre ellos Héctor Pardo (q.e.p.d.),
Graciliano Pardo (q.e.p.d.), Luis Ernesto Cubillos Riveros (q.e.p.d.), Lucila
Martínez de Molina (q.e.p.d.), Lucio Riveros, Álvaro Moreno Díaz (q.e.p.d.), Leopoldo
Cubillos Riveros, Elvia Gutiérrez de Porras (q.e.p.d.), Erasmo Mora (q.e.p.d.) y
Noé Cubillos (q.e.p.d.).
Durante este mismo periodo se
promovió de manera significativa la participación de la mujer en las
actividades equinas del municipio,
reconociendo su aporte dentro de una tradición históricamente asociada al
ámbito masculino. Como resultado de esta iniciativa, se realizaron varias cabalgatas
femeninas en Pasca como homenaje a la celebración del Día Internacional de la
Mujer, contribuyendo a visibilizar el papel de las mujeres en la conservación
de las tradiciones campesinas y fortaleciendo su participación en las
actividades culturales y recreativas relacionadas con el caballo.
Con el paso de los años, EXPO-PASCA continuó
creciendo hasta convertirse en uno de los eventos más importantes del
municipio. En sus primeras versiones se realizaba únicamente un festival equino
sin clasificación oficial; sin embargo, gracias a la calidad de los ejemplares
participantes y al fortalecimiento de su organización, la exposición alcanzó la
categoría de Grado B. Las más recientes versiones se han distinguido por el
aumento de ejemplares participantes en las diferentes modalidades,
consolidándose como una importante vitrina para la exhibición, comercialización
y promoción de caballos criollos colombianos de paso fino, trocha, trote y
galope. Actualmente, las cabalgatas y exposiciones equinas reúnen a cientos de
participantes provenientes de diferentes municipios de Cundinamarca y otras
regiones del país, fortaleciendo el turismo, la economía local, la integración
regional y la preservación del patrimonio cultural pasqueño. De esta manera, el
caballo continúa siendo uno de los principales símbolos de identidad, tradición
y memoria histórica del municipio de Pasca.
Conclusiones
El caballo ha sido uno de los
elementos más influyentes en la historia del municipio de Pasca. Desde su
llegada con los conquistadores españoles hasta las actuales manifestaciones
culturales, este animal ha participado activamente en los procesos de transformación
económica, social y territorial de la región.
Su papel como instrumento de
conquista, medio de transporte, herramienta de trabajo agrícola, soporte de la
arriería y símbolo cultural evidencia una estrecha relación entre el caballo y
la construcción de la identidad campesina pasqueña.
Hoy, aunque las nuevas tecnologías
han reducido su uso en actividades productivas, el caballo continúa ocupando un
lugar privilegiado en la memoria colectiva, las tradiciones y el patrimonio
cultural del municipio.
Referencias
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Original Publicada En 1552).
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De Ciencias Sociales.
Velandia, R. (2004). Enciclopedia
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